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martes, 8 de junio de 2010

...POEMAS DE UN POETA (2001)

Juan de Lapala.




Editorial Sartén.


Editorial Sartén. Avd. Dindart 863
Ayacucho. 7150



Primera edición: 2001







Prólogo


Acerca de un poeta que se dio a conocer en 2001.

Octubre de 2001.

¡He aquí, por fin, poemas de un poeta, poesías que son poesías¡
Leí enteramente este libro singular; volví a leerlo, y, á pesar de los descuidos, los neologismos, las repeticiones y la obscuridad que pude observar algunas veces, tuve tentaciones de decir al autor: ¡Valor, joven poeta¡, sois de aquellos a quienes Platón deseaba colmar de honores y desterrar de su república. Debéis esperar también que algún día seréis desterrados de nuestro país de anarquía y de ignorancia, y faltará a vuestro destierro el triunfo que Platón concedía por lo menos al poeta, las palmas, las músicas y la corona de flores.

Victor Hugo






Muerte


Eres el estrambote
más allá de la página.
Sé que tu métrica es infinita
y no hay rimas en tu silencio.






Epitafio


1952-1999

Amigo:
El tiempo y sus cómplices
te han acorralado.







El paraíso por vos


Por vos hice las caricias
y luego tu piel.
Por vos las flores
y luego tus manos.
Por vos el mar
y luego tus pies.
Por vos la música
y luego tus pies.
Por vos hice los besos
y más luego tu boca.
Por vos, sin tu amor,
sólo me queda ser dios.
Por vos inventé un cielo
y tu muerte.






Minotauro


La noche dulce
encerrada en un silencio de uva.
Se respira vino y parición.
El orujo que revienta,
Asterión a su costado se retuerce
y bufa al fin libre.
Se incorpora,
con delicia reconoce a su madre,
tierna y hermosa.
Comienza a devorarla.







Erotominia


El serce nervomitó entre las extreminfies
y gargamió en atragazones las fétidas pendencué.
Todo olía a erupciones de viruvegnas
hinchaciándose en verbatujes y sexo semóvelo.
Fallemirse par explorarse, hasta amaneceres
inafrolegíacos de soles derrimeros de climax.
Luego en diaboliciones de perpulear
la escraca de su redolón,
de nuevo nervomita en gotasémedes
y entre vridulores ambos dimiren
hasta morextiarse en un ostracismo
hacia labios fríos e hirviníligas sepulsiones.







Me llegó la hora


He pisado mierda de gallina
en la región de Alpujarra.
Y el grupo gallináceo
me señala con el pico.
Se va saturando mi último verbo
y yo sigo ahí, apampado.






Eureka


Perfecto.
Hijo lento y mareado,
cruza de clavo
y circular analogía
de la rampa.
Lanza trunca
te retuerce
y penetrás cuerpos que se dejan.
Es orgásmico verte.
¿Y cómo?
¿Cómo evolucionó en vos la tuerca?
Juntos tienen ese poder,
ajustarse igual que coincidencias.
Y mi mano hace palanca por Dios.
Dios aprieta, a la derecha.
A la izquierda el universo se afloja
y todo se descalabra.







Historia de una Edad


Un tropel de lanzas,
caballos que arremeten
sudando hierro, hombre.
Dientes que se aprietan,
manual que los destroza.
Bestias sobre bestias.
La reina en el temeroso castillo.
Espadas que dan besos franceses
a oxidadas armaduras.
Grandes glorias agrias.
Reyes. Bufones.
Fiestas. Y bailarinas.
Mucho espeso vino.







Mujeral (preñatura)


Te adabazas desde el bhientre
en dhabhas de azúcares.
Luego con purimieles, caendras
y libedulias de piel
trazas bordianas bhastedades.
Así, con umisnas de latidos
badajas mil bhaibhenes
por las glaciares deregnas.
Sobre purpurismos de gámmadas
paren tus caderas,
como enágoras dróseras
que esconden besambres
y raflesias lúbridas
con los párpados gláupluclios.







Pampa y cielo


Muy ajuera se oye el silbido,
y un grito arreadar estrellas
que andan solas por las güellas.
Y un planeta sin descuido
atraer sus lunas al nido.
Y una aurora con su enjoye...
Y los cielos sin su apoye,
con su infinito reverso.
Muy ajuera un relincho se oye,
es Dios y el brioso universo.








Encorvado hacia el surco


Desde una convulsión de brazos
que derraman dedos y semillas.
Con la mirada rompiente
sobre infinitos terrones.
Con los músculos de la paleta
alambrando tu loma ósea.
El cielo como un vientre
atado a vos
con sus rayos umbilicales,
mientras la nube se desparrama
con la idiotez del azar.
Como una rama,
que carga vientos eucalípticos,
tu espalda se curva
haciendo resbalar al sol.
Cuando el atardecer revienta
en los últimos surcos,
te enderezás
y en un trueno de huesos
la cintura se te parte.







Oda a la pared por parte de una ventana. qué
sería de mi sin la oscuridad de tu encierro ys
i no les ocultaras afuera todo el mundo. vosq
ue has presenciado la espalda de los fusilado
s. vos que has sido engarzada de sombras. mi
lenaria y altiva, haciendo frent
e a vientos y ag uaceros. vos q
ue sabés el deta lle del laberint
o y el presidio.q ue has sufrido
el odio de homb res que desdee
l cielo te destruy en. vos que ha
s sufrido el esca rmiento de dio
ses que desde la tierra te voltean. casi ubicua,
en tus orillas has guarecido al rey y al vagabu
ndo. vos sos mi razón, mi sostén. sin vos yo n
o sería esos ojos para los ojos. vos, derruida y
apilada te yergues. ¡oh, tullida majestad de loi


nfranq
ueable¡








Desamujeración


Ha enredado el barrilete de tu espalda.
Han cortado el hilo de tus nubes.
Hemos navegado a lo largo y a lo ancho
de tus ojos azules, nunca más.
Has luneado por última vez la noche.
He tus labios de ruda y
tu aliento de frutilla.
Pasaron nueve nuevas nieves
desde el día frío
de tu muerte.







El ciruelo


Bajo mi torcida
a tus amantes
sombra de troncos
has asombrado.
Sonrojados fueron
besos mis frutos,
pero mil veces
vos no lo supiste.
Vos no lo supiste
(omiso a mis rezos)
negra y silente
humínica esta tierra
mojado de carne
reclamó tu hueso
(llegó el día).
Desde hoy
es una lágrima perenne
ya un brazo que no sostiene
cada hoja mía,
dada rama mía
de besos miles míos
para tu boca ausente.







Entrevero


Cortada en diáfana herida
la noche y sus mil mámparas.
con cicatriz de lámparas
y su mora carne raída
por la aurora decidida.

Calentito anda el fulano,
facones de luz en mano
y atropelles de muy liero,
así sale el sol en cuero
cortando noche en el llano








Mujer morena


Eran sus manos pequeñas
como las de grandes niñas.
Eran sus labios
en entre con contra para labios.
Eran sus piernas abiertas
como geniales besos.
Eran sus caderas
color pantera.
Eran sus pechos
no racimos, no uvas,
no melones, no limones;
eran sólo sus pechos.







Santa Rosa


Un líquido nubarrón negrúsculo
de oscuridad y estampidos
anda cercano a mis oídos.
Relincha en el nubeo crepúsculo
un sol mezquinando el músculo.
Y los alambres que se tensan
para que los hombres venzan.
Y la lluvia en los mojados
y en los pastos galopados
por potro y agua, que se trenzan.

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