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martes, 8 de junio de 2010

EL TORTURADOR (2005)

EL TORTURADOR






Advertencia


Soy poeta, no porque me guste, sino porque podría morir si demasiada realidad me avanza. De ves en cuando he tenido que resucitarme con algún conjuro de versos. Tuve elección, pero fui débil y me convertí en un poeta. En el mundo real no supe que hacer o a donde ir. Y entonces las palabras y sus letras me abrieron su reino. Y surgió esta poesía que es un síntoma de ese gran desconcierto, y este poeta que es una metáfora de un hombre que no es lo que aparenta o que ya no sabe lo que es. ¿Acaso un hacedor?, ¡si es este arte a mi lo que la vida es a Dios¡. Sepan que mi poesía no es ni más ni menos que desesperación.
Hoy está lleno de tipos que quieren ser poetas y llevar en la frente esa marca. Me cuesta creer que los poetas sigan existiendo, de ser así, entonces, yo soy otra cosa. No soporto leer más de dos poemas de cualquier autor. Después de los manifiestos surrealistas se estanca este arte.
No a mi pesar, la poesía ha tocado fondo, ha sido agotada, sus recursos y temas, sus audaces experimentos y hasta sus torturas al lenguaje. Qué más pretender luego de Bukowski o de la “no poesía” de los 90´, aquellos hombres son los últimos poetas. El resto son unos pobres imitadores, son unos viejos que escriben vieja poesía para envejecidos lectores. Dijo Van Gogh: “En el arte el que no es revolucionario es un plagiario”.
Claro que este también es un libro de imitaciones terribles, un libro resignado al pastiche. Tengo necesidad de continuar con la experiencia retórica, agotarme de sus juegos, más no sea en favor de justificar mi mediocridad. Supongo escribiré muchos poemas más como estos, no puedo evitarlo, no tengo la voluntad para evitar la poesía en mi vida. Pero he de lograr, algún día, la revolución más grande que ha tocado jamás al género este, algo nuevo que llevará el nombre de PROTOPOÉTICA.


Juan de Lapala.






El cuchillo y su filo


lo acaricio y a su temple
lo contemplábamos con la yema del pulgar y
lo has observado a su labio entre
los labios rojos de la yema del pulgar.
lo habíais visto ser por mi carne y con su fi-
lo fi-
losofar sobre mis carnes.
lo envidiarán cuando separa así como
lo habré envidiado al ave porque vuela.
lo acarició desde mi garganta como si
lo sintieran.






Oda al tiempo


Tiempo que no eres Troya.
Tiempo marchito,
despintado.
T i e m p o partido
por relojes y almanaques.
Tiempo y tus fechas,
fechas de batallas,
fechas de cumpleaños,
fechas de latas vencidas.
Tiempos de antaño.
Tiempos de cambios.
Tiempos de vacas gordas.
Tiempos de cocción.
En tiempos de Homero
y
en tiempos de Cristo.
Tiempo que insistes
con tu eternidad
y tus instantes.






Converso con Dios


Converso con vos, insomne,
perfecto, muy eterno siempre,
juez recto y abstracta reliquia.
Inverso, innatural, virgen.
Diverso, creador de cifras.
Expuesto en mi horrible cuerpo,
manifiesto en mi espíritu.
Plegaria, piedad y burla,
cicaria tu mano y Biblia.
Eres esto: fruto en tu árbol.






Grandísimo


Vos, que le negaste el llanto
a las sirenas.
Vos, que te adueñás del cuerpo
y los sentidos de quienes te poseen, creen.
Vos, el incansable que borra la huella
de cada desrodado carro.
Vos, que te agigantás entre Titanes.
Vos, el que guarda en su buche de silencios
a todos los peces meditabundos.
Vos, el que ha perdido olas del lomo
en peleas con piratas.

Vos, grandísimo
como un barco sin mar.






Imperiantes e imperiados


Allá el reino impenetrable
impávido e imputrescible
mueve casi imperceptible
más poderoso e implacable
con su espíritu impecable
acá los más importados
los implumes impregnados
ignorantes impedidos
por aquel dios imprimidos
himnorantes empeñados.







A las chupantes del pueblo


Ninfómanas peregrinas,
rodillapelantes que se arrastran
a rezarle a mi bragueta.
Son las no virgencitas chupantes,
las que ruegan
este hostial perdón bucal.
Son las glandes adoradoras,
las iconoclastas de fláccidos tótems.







Un sol


Este que ven fue el mismo, el tan repetido
que vemos cada día, por los postigones
de la noche, meterse agónico y herido;
con su luz amputada y sin más rincones

en donde echarse un rato para alumbrar.
Pero vendrá la aurora en el mismo sol,
que es el de los bronceados y es el del mar,
y al que los estaqueó el cruel español,

y es el que representa al gran rey Atón
y es ese que después hizo Jehová, el dios.
“¡Que haya luz¡”, -se escuchó la primera voz-.

El mismo que condujo el torpe Faetón
y casi prende fuego el amplio universo.
El mismo que inspiró al verso y a la flor.







Amada mía


¿Te habrán memorizado mis pinceles,
para cuando no estés más?
¡Oh no¡,
mancos corceles
que ya no podrán andar
sobre lienzos de hierba y óleo.
Y llorarán esperma los espejos
impedidos de repetirte.
Y morirán los duraznos
vacíos sin tu carne.
Y vendrán los insaciables a probarte.
Y yo pintaré batallas, gritos y balas,
pintaré a Dalí atrincherado
y acorralado;
pintaré así también la muerte
para perseguirla hasta vos,
amada Gala.







Él


él, sobre un arroyo de heces tibias,
en su canoa de escarcha gélida, navega.
él, que está más allá
de las nubes triformes.
él está lejos de esa lengua
chorreada de mil dos lenguas,
cerca
de unas redundancias
de dunas que rodean
cunas rodeadas
de lunas que se anulan
amamantadas de luz.
él, que recuerda el jarabe
de ósculos cansados,
como arados
que arrean
tierra
roja y
reseca.







Abel


Se envictoria la muerte
en tu última base.
¡out¡
¡no tiene pulso¡
Y los Caín
siguen jugando baist-boll
con nuestras cabezas.







De tiempos de Ñaupa


(museo)
Un juego de té Johnson Bros
modelo Rose Chintz.
Una foto de hombres quietos.
Una desviada enorme locomotora
desvagonada desoledad.
Un de perro mesolítico los huesos.
Un de prócer el sable
y el sílex de un pro-ser.







Montaña


Bandada de adustas piedras
que encajan en lítico sexo
y se anclan a la eternidad
haciendo alharaca
de paciencia y postración.







Lago


Lugar donde se pudre,
agusanado por tibios rayos,
el hielo de la montaña.







En-ojo


Viene un indio aleteando como Gabriel
y en su, atravesados,
lanza trae un diablo de mar y un dios.
Les mira el ojo y la piel,
como mira quien ya ha probado.
Antes de irse a su mierda,
el dios se levanta,
patea en, al español, las costillas
y se hace dos o tres señales santas.
Revolotea como la pluma del infiel,
revolotea, allá en el cielo,
el chimango.
Le mira el ojo y la piel.








Polvo


Esta sentado leyendo,
es un poema.
No sospecha lo que ocurrirá.
Tal vez si supiera no creería.
Es la profecía de su muerte.
Y muere, luego de haber leído
por segunda y última vez
la palabra
polvo.







Oda al limón


Limón, luminoso,
corazón de Van Gogh.
Habitador él
de su pulpa.
Limón,
huevo de oro
de agrias y
serias gallinas.
Limón,
tus rodajas
huelen a estrellas.
Limón,
cítrico zorrino
chinche amarilla
sudor de maratónico sol.








Un poeta


Soy más que
carne las afueras de mis huesos habitando.
Más que
de Dios una redundancia.
Más que
de células escombros.
Más que
mucha amontonada paciencia.
Que
un soñador de miniaturas,
un defecador diario,
un tristicida encadenado
y ojos a luz viva la cicatrizante noche esperando
y energía siendo rumiada
y en las leguas del tiempo un breve carro
y de estómagos xiloideos bocado hecho a medida
y un viento furioso sobre si desparramado.








GOTT IST TOT


Hombres:
¡Me buscasteis por cielo y tierra¡
¡¿Acaso no sabíais que ya he muerto¡?

Allá y aquí yace el nunca visto.







La mortal


Incorporea inextirpable
invicta increada inclemente
infartante inevitable
inesperada innegable
no inolora indiferente
injusta intrusa impuntual
intangible inmemorial
insatisfechainsaciable
más incesanteincansable
íntima inerte imortal.








Oda a la oda


Oda
que halagas insignificancias,
que amas a odiosos,
que endiosas a amantes.
Oda
exagerada.
Oda
que mientes,
igual oda hermosa,
amplia y feliz.
Oda de todas las cosas.
Oda a semejanza de Dios.
Oda a dos manos.








Vincent


Me ciegan tus soles
y tus lúcicos amarillos.
Me pausan el alma
las comas “de este nadie”.
Toco bajo el vendaje
de tus óleos
esos ausentes recovecos
que hiciste símbolo de tu dolor.
Demasiado pesó tu cruz, hombre,
y sé que tres veces caíste
antes de amputarte entero.
Aún te observamos cabizbajos,
yo y tus girasoles tristes.








Roto fue cascarón


En un principio
fue un huevo
grande como un avión.
Luego el viento
desparramó
los pájaros.








Los Masais


Los dientes blancos,
como endijas en la oscuridad,
de esos guerreros,
pedazos de noche
que sobreviven durante el sol.
Obstinados, negros
y salvajes.
Y salvajes rugidos
que acechan
ostentando majestad melena
y cetros colmillos
como lanzas.
Lanzas refusilantes
y tambores y lluvia,
por fin atraviesan
ese cielo de ébano.







Yo muerto


Ver
el
ser.

Del
roer
piel.

Mas
ya
la
paz.

Ves
ahí

res.








¿Creer?


¿Cuál
dios
sos?

¿Real
o
no?







Jugada


En la nieve se metió mi mano,
mano de jinete,
jinete angulante y oscuro.
Oscuro
y en silencio,
silencio in-movil,
móvil son
mis piezas,
piezas de una guerra,
guerra contra otro,
otro
que ha muerto.
¡Ha muerto el rey en la nieve¡








Al crucificado


Sumo piloto del cielo
que te estrellaste en la tierra.
Sobrevuelas el infierno
en tu planeador de madera.








Profecía (Nostradamus, CLXII)


Llamará el horrísono grito de una trompeta
A voluntarios domadores del fuego.
Vestirán ellos ignífuga armadura hecha,
Hacha y de los Aguas su látigo.
Montarán ligeros rojos corceles
relinchadores, de escalonadas crines.
Se internarán intemerosos y fuertes
En las fueguinas furiosas fauces.
Capaces ellos de apagar el sol,
Regresará siempre victorioso
Ese ejército de invencibles desdragonadores.








Épica del fuego


Tu mano flamígera
es un ejército de soles
embravecidos,
que encuentra y derrite.
Inquieto y
resbaladizo pez dorado,
yo te prevengo...

A vos,
que enseñaste bailar
a los hombres negros.
A vos,
al que las fieras y fieles
bravas brasas besan los pies,
empapadas en tu sangre.
A vos,
libertador de temperaturas
que doran costillas.
A vos,
invocador de aromas y sabores,
yo te prevengo...

Fuego (desarticulado y reseco),
al que ojos y manos
rodean temblorosos.
Fuego,
cuyas apasionadas llamas
escriben versos de cenizas.
Fuego,
mírate;
vos tan incontenible y musculoso,
mendigando una leña.

Fuego,
yo te prevengo
andan los Aguas
tras de ti,
con sus líquidas espadas.








Gentes del norte


Hacen pie las altas rocas
sobre las nubes al ras.
Van por el cielo de atrás,
dioses con sus llenas bocas
de amargos rumiares de cocas;
en tanto es el viejo camino
quien lleva el paso cansino
de incas y soles antiguos,
dueños de cielos exiguos,
oros y piel del suelo andino.
Por la huraña agricultura
van a pie esos dioses pobres.
Los maizales colores cobres
no llegan ni a la cintura.
Ya se los ve en la lejura,
por tierra de los viajeros,
cargar con sus sacos maiceros.
La vida los fue morteando,
así el cielo fue bajando
por obsesivos morteros.








Gaucho malo.(de D. F. S)


Lo dicen moreno
feo
y bajo,
orgulloso y bárbaro,
en daga y chiripá.
Y que murió en Barranca Yaco,
pero que no lo mataron,
que lo suicidó otro que era él;
que lo dicen alto
bello
y pálido,
orgulloso y bárbaro,
en sierra y llano.
Y que no era tan malo,
que nada más degolló a un muchacho,
allá en Barranca Yaco.








Una lanza


A cien pasos el malón,
unos treinta
que parecían quinientos
haciendo el barullo de mil.
Al frente la lanza
y detrás su indio
como una cosa,
como un semidesnudo objeto
que la sostiene espigada
o la libera certera,
doliente y Mapuche,
inútil desrocadora hacia
los omóplatos de la pampa.








El jineteante.


Fue espuélica espina
encarnada por todo el lomo
y las verijas.
Fue dios con rebenque
encarando y rompiendo la tierra
contra sus patas corcoviantes.
Fue leyenda viviente
más allá del alambre.
Fue don Celcio Bogado
quimera de hombre, faja,
potro y cuero.
Dicen llevaba siempre
dos ojos al pecho
y dos más hacia el cielo.








Vagamundo


Su sombra lo mendiga
y luego lo huye
bajo esos árboles
prendidos de un úbreo sol.
En su cuerpo
las mordidas del camino
y un olor
a pelo y sangre y sarna.
Despierta descansado
y lo sigue pegado a sus costillas
el suelo
y lleno de distancias su estómago.
Le alerta las orejas
otro ladrido
que viste de perro a la noche
y sigue su camino el negro perro
por la noche vagabunda.








Carroñuitres


Plumearon celismos
con el bucheaje hueco
y cayeron plumiando aires.
Le defacharon el coco
y abriestomaron los tripágenes.
El rojerío se agrisecaba
en hirvichiyyos sobre el piedrasffalto,
la parlaluega se hablagusaba
de cuevas escaputris y
ólores sofóyemes,
entre escroarrugas.
Tan todo infranáuseo.
Lo despanzurraron esos carroñuitres
de aspecto fomitible
y mirada ocosada en sangre opópera.








Ombú


Soy cascada
de troncos
y pájaros verdes
que me revolotean
perennemente.
Soy vómito pampa
de sombras lozanas.

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